Escuela Superior de Zen Shiatsu y Terapias Corporales Orientales

ARTÍCULOS

Oligoelmentos

Son metales y metaloides que están presentes normalmente en el cuerpo en pequeñas cantidades y que intervienen en numerosas funciones en pequeñas dosis, resultando indispensables para la vida. También se los conoce por catalizadores, metalo enzimas, oligosoles,etc.

Recordemos que un catalizador es una sustancia química que con su sola presencia y sin modificar la naturaleza de una reacción química la acelera o le permite producirse a menor temperatura y con una pérdida mínima de energía. Por ejemplo, para degradar ciertas proteínas de la carne se precisa de una enzima que se denomina pepsina que actúa catalizando, es decir acelerando esa reacción, produciéndose la misma en 2 horas. De no existir la pepsina las proteínas tardarían en degradarse 3 meses.

Los oligoelementos intervienen en la composición de diferentes sistemas enzimáticos, sin los cuales las reacciones químicas se bloquearían, apareciendo distintas perturbaciones y sus síntomas en consecuencia.
No son tóxicos, no se acumulan y se usan en pequeñas dosis (oligo= pequeño) tanto en afecciones agudas como crónicas.

Resumiendo, tienen una cuádruple acción:
1) Como ya dijimos antes son los catalizadores de múltiples funciones y reacciones en el organismo.
2) Tienen por sí mismo una acción bien específica en cada caso.
3) Son modificadores del terreno, favoreciendo los fenómenos de autodefensa.
4) Son agentes directos de los cambios metabólicos, favoreciendo los fenómenos vitales indispensables para el buen funcionamiento del organismo.

Los primeros en estudiarlos científicamente fueron Gabriel Bertrand, quien trabajó con reumatismo y artrosis, y Jacques Menetrier. Éste último fue quien hiciera una medicina de terreno dividiendo a los tipos humanos en diátesis o predisposiciones, las que se equilibrarían con un oligoelemento o una combinación de varios de ellos.
El primer oligoelemento que se utilizó en terapéutica fue el yodo en el siglo XIII. Se había observado que las esponjas de mar, ricas en él, eran efectivas contra el bocio.

En 1894 Gabriel Bertrand emite la hipotesis que los metales y metaloides existen normalmente dentro de los tejidos vivos en muy pequeñas cantidades y que debían desempeñar un papel esencial como coenzimas o en la estructura de distintas enzimas. Pero solamente a partir de 1932 en los trabajos de Menetrier fue posible vislumbrar las inmensas posibilidades de los oligoelementos en medicina humana.

Hay evidencias de que por numerosas y diferentes razones muchas de las reacciones químicas en el organismo pueden estar sumamente enlentecidas o aún bloqueadas; esto debido a nuestro tipo de vida "artificial", la polución, las enfermedades por stress, por medicamentos de síntesis, alcohol, tabaco, conservantes, etc. El bloqueo de cierta proporción de estas reacciones sigue siendo compatible con un buen funcionamiento del cuerpo, pero si esta proporción aumenta, los bloqueos producirán una carencia y ésta, una enfermedad declarada o un síntoma patológico visible.

Su acción catalítica es entonces indispensable para el funcionamiento de los sistemas enzimáticos que participan en las diferentes vías metabólicas que mantienen y aseguran la vida y su renovación. El bloqueo o la disminución del rendimiento de estas vías metabólicas por carencia o inhibición de algunos oligoelementos puede prevenirse administrándoselos por vía oral.

Entonces, la terapéutica con oligoelementos sitúa su acción al nivel de las disfunciones metabólicas. Cubre pues la mayor parte de los desordenes patológicos de las diatesis o terrenos enfermizos hasta los estados más evolucionados en los que su acción permanece favorable durante mucho tiempo al normalizar las funciones de autodefensa.

La prescripción de uno o varios oligoelementos se hace en función de la evolución clínica hasta que se recobra la salud. En ese momento conviene proseguir su utilización a un ritmo débilmente disminuido pero constante.
Parecería que los oligoelementos en terapéutica restituyen a los órganos enfermos una defensa natural, que, se ha advertido, es insuficiente en el plano de la velocidad de reacción, habiendo esto dado lugar al desequilibrio y posterior degeneración de tejidos. Normalizar las autodefensas no quiere decir que se pueda suprimir inmediatamente un tratamiento hormonal o antibiótico, pero cabe esperar que el organismo gracias a los oligoelementos pueda retornar por sí solo al control de la defensa de su salud. Debido a la forma de preparación y a la poca cantidad del producto activo no se han constatado síntomas de intoxicación, pero se podrían producir si se utilizaran sales no catalíticas en cantidades grandes.

 

Dra. Alejandra Maratea

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